El Niño y la Niña: ¿realmente afectan a nuestro clima?

El Niño y la Niña: ¿realmente afectan a nuestro clima?
Autor: Iván Herrera Marín - Iván Herrera Marín | CTO Responsable Técnico en TROPOSFERICA. Meteorólogo y comunicador. Diseño gráfico. Ciencias Ambientales.
8 de junio, 2026

Cada cierto tiempo, los medios de comunicación vuelven a hablar de El Niño o La Niña cuando se producen sequías, inundaciones o récords de temperatura en distintas regiones del mundo. Sin embargo, aunque son fenómenos ampliamente conocidos, todavía existe cierta confusión sobre qué son realmente y hasta qué punto pueden influir en el tiempo que experimentamos aquí en nuestro territorio.

Durante las últimas décadas, la investigación científica ha permitido comprender mejor estos mecanismos climáticos y su capacidad para alterar patrones meteorológicos a escala planetaria. Pero cuando hablamos de nuestro país, la respuesta es bastante más compleja de lo que podría parecer.

FENÓMENOS RECURRENTES EN EL PACÍFICO

El Niño y La Niña son las dos fases opuestas de un mismo fenómeno climático conocido como ENSO (El Niño-Southern Oscillation u Oscilación del Sur de El Niño). Su origen se encuentra en las aguas ecuatoriales del océano Pacífico, una región situada a miles de kilómetros de Europa pero que actúa como uno de los principales motores del sistema climático terrestre.

Durante un episodio de El Niño, las aguas superficiales del Pacífico central y oriental presentan temperaturas superiores a las normales. Al mismo tiempo, los vientos alisios que habitualmente soplan de este a oeste se debilitan. Este cambio altera la distribución de las tormentas tropicales y modifica la circulación atmosférica global, provocando importantes repercusiones en numerosos continentes.

Destacan fenómenos como un aumento de las tempraturas medias globales, sequias en Australia, Indonesia o algunas zonas dle sudeste asiático, episodios de lluvias intensas en partes concretas de América del Sur o alteraciones en la actividad de los ciclones en distintos océanos.

En cambio, La Niña, representa la situación opuesta. En este caso, las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental se enfrían por debajo de la media, mientras que los vientos alisios se fortalecen. Como consecuencia, la circulación atmosférica responde de forma inversa a la observada durante El Niño.

En este caso, los fenómenos asociados son una temperatura media global más moderada, un incremento de las precipitaciones en algunas regiones tropicales, una mayor probabilidad de sequía en zonas que suelen beneficiarse de El Niño o cambios en la trayectoria de las corrientes en chorro y en la distribución de las borrascas.

Aunque solemos hablar de ambos fenómenos como si fueran interruptores que se encienden y apagan, la realidad es mucho más gradual. Existen episodios débiles, moderados o fuertes, y también periodos denominados ENSO neutros, cuando ni El Niño ni La Niña dominan claramente el Pacífico tropical.

¿QUÉ ESTÁ OCURRIENDO ESTE AÑO 2026?

La primera mitad de 2026 ha estado marcada por la desaparición progresiva de una débil fase de La Niña iniciada durante el invierno anterior. Según los últimos análisis de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y de la NOAA estadounidense, actualmente el Pacífico se encuentra muy cerca de condiciones neutras, aunque los modelos apuntan a una elevada probabilidad de evolución hacia un episodio de El Niño durante el segundo semestre de 2026. De hecho, algunos organismos internacionales estiman probabilidades superiores al 60% de que El Niño se establezca entre el verano y el otoño boreal, y continúe durante el invierno 2026-2027.

No obstante, conviene recordar que las previsiones realizadas durante la primavera presentan una incertidumbre mayor debido a la conocida "barrera de predictibilidad primaveral" del ENSO, por lo que todavía no puede asegurarse con total certeza cuál será la intensidad final del fenómeno.

 

¿INFLUYEN ESTOS FENÓMENOS EN NUESTRO TERRITORIO?

Esta es probablemente la pregunta más interesante para los aficionados a la meteorología de nuestro país. La respuesta corta sería: sí, pero mucho menos que en otras regiones del planeta.

España se encuentra muy alejada del Pacífico tropical, por lo que los efectos directos del ENSO llegan muy debilitados. Además, nuestro clima está condicionado por otros factores mucho más cercanos, como: La Oscilación del Atlántico Norte (NAO), la temperatura de las aguas del Atlántico, la posición del anticiclón de las Azores, las ondulaciones de la corriente en chorro, o la variabilidad propia de la atmósfera europea. Todo ello dificulta enormemente detectar una señal clara y consistente asociada a El Niño o La Niña.

Numerosos estudios han intentado encontrar relaciones estadísticas entre el ENSO y el clima de Europa occidental. Los resultados muestran que sí existen algunas conexiones atmosféricas ("teleconexiones"), pero son relativamente débiles y dependen mucho de la estación del año y de la intensidad de cada episodio. En comparación con América, Asia o Australia, la influencia sobre la Península Ibérica es mucho menos evidente.

Algunos trabajos sugieren que determinados episodios intensos de El Niño pueden favorecer configuraciones atmosféricas que incrementen la llegada de borrascas al entorno del Mediterráneo occidental durante parte del invierno. Sin embargo, la señal estadística es débil y muy irregular. Existen inviernos con El Niño que han sido húmedos en España, pero también otros que resultaron secos. Por tanto, actualmente no existe evidencia suficiente para utilizar únicamente la presencia de El Niño como predictor fiable de una temporada lluviosa en nuestro país.

Tampoco puede afirmarse de forma general que el fenómeno de La Niña favorezca sequías en nuestro territorio. Algunos estudios encuentran una ligera tendencia a patrones más secos en determinadas zonas del sur de Europa durante ciertos episodios de La Niña, pero la dispersión de resultados es muy elevada. La influencia de la NAO suele ser mucho más determinante para explicar la aparición de periodos secos o húmedos en la Península Ibérica.

En cambio, si hablamos de temperatura, sí encontramos influencias más evidentes. Los años dominados por El Niño suelen encontrarse entre los más cálidos del registro instrumental porque el océano libera más calor hacia la atmósfera. Sin embargo, trasladar ese efecto directamente a España resulta complicado. Un episodio de El Niño puede coincidir con un año muy cálido en nuestro país, pero también lo puede hacer con situaciones meteorológicas que moderen las temperaturas. La influencia local de las masas de aire, la circulación atmosférica europea o la temperatura del Mediterráneo suele ser más importante.

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