El clima mediterráno: o blanco, o negro

El clima mediterráno: o blanco, o negro
Autor: Iván Herrera Marín - Iván Herrera Marín | CTO Responsable Técnico en TROPOSFERICA. Meteorólogo y comunicador. Diseño gráfico. Ciencias Ambientales.
11 de febrero, 2026

Hace pocos meses se hablaba de la sequía. La falta de agua, que tanto nos preocupa, de tanto en tanto, en la Penísula y Baleares. Meses sin llover, con embalses al mínimo de su capacidad. En consecuencia, las restricciones respecto al uso del agua potable se hiceron eco en muchas de nuestras comunidades. Pero, como casi siempre sucede: una larga sequía termina, de manera radical, con meses de lluvias abundantes.

DE UNA SEQUÍA EXTREMA...

La última sequía significativa en España abarcó varios años secos consecutivos desde finales de 2022 hasta la primavera de 2025, afectando gravemente los recursos hídricos del territorio. En 2023 una gran parte del territorio estaba en niveles de alerta o emergencia por escasez de agua, con reservas de embalses muy bajas. La sequía fue especialmente intensa en el este y sur peninsular y en cuencas como la del Guadalquivir, Segura o las internas de Cataluña.

Estos periodos secos, combinados con altas temperaturas, crearon un contexto de estrés hídrico prolongado, donde la falta de precipitaciones continuada redujo los caudales fluviales, la disponibilidad de agua superficial y la recarga de acuíferos.

Es importante destacar que la sequía no actúa "aislada". España ha enfrentado fenómenos opuestos como inundaciones intensas y tormentas torrenciales (por ejemplo, inundaciones en octubre-noviembre de 2024), lo que refleja una variabilidad extrema del clima: periodos secos prolongados seguidos de lluvias intensas que no compensan necesariamente los déficits hídricos acumulados.

Las sequías son algo "habitual" en nuestros lares. Cada pocos años, nos acechan. La penúltima, desde finales de 2016 hasta primavera de 2019, con su fase más intensa en 2017-2018. 2017 fue uno de los años más secos desde que hay registros en amplias zonas del país, según AEMET.

Las precipitaciones estuvieron un 20-30 % por debajo de la media en buena parte del territorio peninsular. Los embalses llegaron a situarse en torno al 35-38 % de su capacidad total en momentos críticos, siendo las cuencias más afectadas las del Duero, Guadalquivir, Tajo y Segura.

... A LLUVIAS INCONTROLADAS.

Como reza el título del artículo: pasamos del blanco al negro. O no llueve, o nos inundamos. Durante los últimos meses hemos experimentado un carrusel “interminable” de borrascas atlánticas profundas, con sus frentes asociados, llegando en ocasiones al Mediterráneo, con fuertes oscilaciones en los termómetros. El llamado río atlántico, con circulación del oeste y noroeste a veces del suroeste es habitual en meses de otoño e invierno. Pero, quizá, no de manera tan continuada como lo estamos viviendo los últimos meses. Ha traído consigo fuertes temporales de viento, temporal de mar, nieve, lluvia, entre otros fenómenos más raros como la lluvia engelante gotas de lluvia que se congelan al contacto con las superficies frías, acumulando placas de hielo, peligrosas para la circulación e infraestructuras.

Sólo entre el 29 de diciembre y el 16 de febrero han afectado al país al menos 10 borrascas de alto impacto con nombre propio (Francis, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils y Oriana), y la última que está por llegar las próximas horas: la borrasca Pedro, que sería la decimosexta nombrada de la temporada.

En términos de precipitación, los registros han sido muy significativos. En numerosas estaciones meteorológicas se han acumulado, en pocas semanas, cantidades de lluvia equivalentes —e incluso superiores— a lo que suele recogerse en varios meses o todo un año. Algunas zonas del oeste de Andalucía, el Sistema Central, Galicia y el entorno del Cantábrico han registrado valores excepcionalmente altos, con suelos completamente saturados y una rápida respuesta de ríos y embalses. Esta persistencia de la lluvia ha provocado crecidas fluviales importantes y episodios de inundaciones en áreas vulnerables, especialmente en vegas y zonas bajas.

El viento ha sido otro de los elementos destacados de este tren de borrascas. Varias de ellas han llegado acompañadas de rachas muy intensas, que en puntos expuestos han superado ampliamente los 100 km/h, causando caída de árboles, daños en infraestructuras, cortes de suministro y afecciones al transporte. El temporal marítimo también ha sido notable, con oleaje muy fuerte en las fachadas atlántica y cantábrica, complicando la navegación y generando avisos costeros reiterados.

EVOLUCIÓN DE LOS EMBALSES

A inicios de enero de 2024, la reserva hídrica española se encontraba relativamente baja tras años secos, con los embalses al 45,2 % de su capacidad total, según datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica. En ese momento, aunque algunas cuencas del norte estaban razonablemente llenas (por ejemplo, el Cantábrico hacia el 85-90 %), muchas cuencas del sur y del interior mostraban registros bajos, con porcentajes por debajo del 30-20 % especialmente en zonas como Guadiana, Guadalquivir, Cuenca Mediterránea Andaluza, Segura o Cataluña.

En marzo de 2025, tras episodios de lluvias intensas, los embalses comenzaron a recuperarse apreciablemente respecto a los meses anteriores. Las reservas se situaban cerca de 60-65 % de capacidad, y en regiones como Aragón, Castilla y León o algunas cuencas del norte la ocupación superaba el 70-80 %.

Finalmente, a finales de diciembre de 2025 la situación había mejorado sustancialmente tras las lluvias de otoño e invierno: según informes de medios y registros regionales, muchas zonas del sur alcanzaron porcentajes considerablemente más altos, con embalses en provincias como Córdoba cerca del 48 % e incluso con embalses de gran tamaño en niveles aún más elevados respecto al año anterior.

Gracias a la sucesión de borrascas y episodios de lluvia persistente entre finales de 2025 y principios de 2026, la reserva hídrica nacional ha experimentado un notable incremento. La situación actual, con más de tres cuartas partes de la capacidad total ocupadas, es una de las más favorables en años recientes y representa un importante contraste con los datos de hace dos años.

Y es así como, en nuestro territorio, pasamos del blanco al negro en pocos meses. Y no es la primera vez que ocurre, ni será la última.

 

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