Invierno 2026-27: suave y atlántico

25 de octubre de 2026
Invierno 2026-27: suave y atlántico
Autor: Iván Herrera Marín

Iván Herrera Marín | CTO Responsable Técnico en TROPOSFERICA. Meteorólogo y comunicador. Diseño gráfico. Ciencias Ambientales.

Las previsiones estacionales apuntan a una mayor influencia de las borrascas atlánticas, con temperaturas generalmente superiores a la media climática y precipitaciones especialmente favorecidas en el oeste peninsular.

Estamos ya de lleno en los meses de otoño, con un tiempo variable y cambiante, pero poco frío en general. De hecho, durante estos últimos días estamos viviendo una especie de «veranillo» tardío, con temperaturas superiores a las habituales para estas fechas. En muchos puntos se superan los 20 °C e incluso los 25 °C, especialmente en la mitad sur peninsular.

Pero ¿qué podemos esperar del próximo invierno? ¿Nos encontramos ante una temporada marcada por el frío y las nevadas o, por el contrario, tendremos un invierno relativamente suave y húmedo?

Los modelos de predicción estacional comienzan a dibujar una tendencia interesante, con un posible protagonismo de la circulación atlántica y una distribución de las precipitaciones bastante desigual entre las diferentes regiones de la Península y Baleares.

TENDENCIA GENERAL: VIENTOS DEL SUROESTE

¿Qué nos indican las previsiones para los próximos meses de invierno?

Las últimas proyecciones estacionales muestran una tendencia hacia presiones atmosféricas inferiores a los valores climáticos habituales en buena parte de Europa occidental, incluyendo la península ibérica.

Esta configuración podría favorecer una mayor presencia de borrascas atlánticas en las proximidades del oeste peninsular, con sistemas frontales que alcanzarían periódicamente nuestro territorio. En determinados momentos, la disposición de las bajas presiones sobre el Atlántico oriental y de presiones relativamente más elevadas hacia el Mediterráneo favorecería una circulación de vientos del sur y suroeste. Se trataría, por tanto, de una configuración propicia para la llegada de masas de aire relativamente templadas y húmedas desde latitudes más bajas.

No obstante, conviene destacar que la posición e intensidad de estos centros de acción podrían cambiar considerablemente de un mes a otro, alternándose situaciones de circulación atlántica con periodos de mayor estabilidad e incluso episodios de circulación septentrional.

Con este panorama general previsto, todo apunta hacia temperaturas superiores a la media climática, de entre +1° y +2 °C, aunque con diferencias regionales y temporales que todavía resultan difíciles de concretar. Durante las situaciones dominadas por los vientos templados y la nubosidad abundante, las temperaturas nocturnas podrían mantenerse relativamente suaves, con una amplitud térmica poco marcada entre el día y la noche. Esto sería especialmente apreciable en zonas costeras y regiones directamente expuestas a la influencia atlántica. En cambio, durante los periodos anticiclónicos, las noches despejadas podrían favorecer un descenso notable de las temperaturas en zonas del interior, con heladas e inversiones térmicas.

¿UN INVIERNO CON POCA NIEVE?

Una tendencia térmica más suave no significa necesariamente la ausencia de nevadas.

En las situaciones dominadas por masas de aire templadas y húmedas, la cota de nieve podría situarse con frecuencia en niveles medios y altos, especialmente durante las primeras fases de los episodios de precipitación. Sin embargo, tampoco se pueden descartar irrupciones de aire polar o ártico, capaces de provocar descensos importantes de temperatura y nevadas en cotas considerablemente más bajas.

Por tanto, aunque el escenario estacional no apunta necesariamente hacia un invierno especialmente frío, podrían registrarse episodios fríos moderados, incluso dentro de una temporada que termine siendo más cálida de lo normal.

 

MARCADA CIRCULACIÓN ATLÁNTICA A BAJA LATITUD

Respecto a las precipitaciones, los mapas de anomalía estacional muestran una señal relativamente consistente hacia condiciones más húmedas de lo habitual en amplias zonas del oeste peninsular. Destacan especialmente Portugal y Galicia, donde la influencia de las borrascas y los sistemas frontales atlánticos podría traducirse en acumulaciones de precipitación superiores a las habituales para esta época del año.

Esta tendencia húmeda podría extenderse también, aunque con distinta intensidad, hacia sectores de Castilla y León, Extremadura, el oeste de Andalucía y otros puntos del interior peninsular.

La trayectoria exacta de las borrascas será determinante. Una circulación atlántica a latitudes relativamente bajas favorecería la llegada de frentes a regiones que, con configuraciones más septentrionales, quedan frecuentemente al margen de las precipitaciones más importantes.

Además, la orografía podría desempeñar un papel destacado, favoreciendo acumulaciones significativas en determinadas vertientes montañosas expuestas a los flujos húmedos del Atlántico.

En términos generales, el oeste y noroeste peninsular presentan una tendencia más favorable para registrar precipitaciones superiores a la media climática, aunque esto no implica necesariamente que vaya a llover de manera continuada.

 

La situación podría ser distinta en buena parte de la fachada mediterránea y Baleares. Los mapas muestran una tendencia menos definida que en la vertiente atlántica, con anomalías generalmente más próximas a la normalidad y posibles déficits en determinados sectores.

En situaciones de circulación dominante del oeste o suroeste, los sistemas frontales pueden perder actividad conforme atraviesan el interior peninsular, especialmente después de superar importantes sistemas montañosos. En consecuencia, las precipitaciones podrían ser más irregulares y menos abundantes en sectores del litoral mediterráneo y Baleares.

No obstante, resulta importante recordar que el Mediterráneo dispone de mecanismos propios de generación de precipitaciones. Las situaciones de viento marítimo, las depresiones aisladas y las entradas de aire frío en altura pueden provocar episodios de lluvia significativos, incluso durante inviernos dominados por una circulación atlántica.

EPISODIOS FAVORABLES A LA PRESENCIA DE CALIMA

Otra consecuencia de determinadas configuraciones de circulación del sur podría ser la aparición de episodios de polvo sahariano en suspensión, conocidos popularmente como calima. Estas situaciones serían posibles cuando las borrascas atlánticas se situaran al oeste o suroeste peninsular, favoreciendo el transporte de aire procedente del norte de África.

Del mismo modo, la alternancia entre masas de aire templadas y entradas ocasionales de aire frío podría provocar cambios bruscos de temperatura, episodios de viento fuerte y situaciones meteorológicas adversas.

La presencia de una anomalía térmica positiva en el conjunto del invierno tampoco excluye que se produzcan temporales de nieve, heladas importantes o episodios de frío intenso de duración limitada.

En definitiva, un posible invierno atlántico, relativamente suave y con contrastes importantes entre el oeste y el este peninsular.

Como siempre ocurre con las previsiones estacionales, debemos interpretar estas proyecciones como tendencias generales y no como un pronóstico concreto. La evolución de la circulación atmosférica puede presentar variaciones importantes, por lo que será fundamental seguir las próximas actualizaciones de los modelos.

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